Vómito mental sobre el periodisco, la tecnolojía y el desporte.
Chile le ganó a Suiza. Muchos lo vimos en HD. Y si está en HD, es porque es Hi-Fi. Porque lo Hi-Fi, ya no es Sci-Fi. Si no me creen, conéctense a la Wi-Fi y busquen en el HTTP de la Web 2.0 de Gogle. En Lloutuve también está.
Es algo dantesco, así como el 27-F, que afectó a los cascos históricos de los centros neurálgicos de la nación. Esos que se saturan con el tránsito vehicular, con el material particulado y con la contaminación visual.
Habia espectación en la calle, en las casas, en los medios, en Faceboc, en Potolog, en Mesenyer y en Tuiter.
Pero ahí estaban. Los once guerreros de "el loco", enfrentando a los helvéticos. Hubo mucho fútbol, pero faltó un poco de fútbol tambien. Se vió la llegada y el contragolpe de los delanteros, digamos. El remate de Mark, y el pitazo final.
La hinchada estaba feliz; se abrazaban unos con otros, la fanaticada, los corresponsales, los enviados especiales, y los expertos también, por qué no. Y los que no estaban cerca, se llamaban. Sacaban sus 3G, 4G, 5G, Touch, Ipad, Ipod, Iphone, Ifake y cuantodiablo.
Algunos más nerds ya editaban las diversas Wikipedias en la internet, y se mandaban SMS con MMS y SMMMS para celebrar.
¿Y yo? Aplaudí, me alegré, y seguí con mi vida. Total, hay que saber darle al progresismo. Ya habrá tiempo para celebrar.
Informó desde el lugar de los hechos, en Umbingelelolandia, Apio Vera.
lunes, 21 de junio de 2010
miércoles, 9 de junio de 2010
Un gran salto
Me di cuenta yo tenía el control del mundo. Todo a mi al rededor estaba mi servicio y con sólo desearlo, todo lo que quisiera alguna vez, aparecería ante mi.
Di un salto, con una fuerza que jamás antes había sentido, golpeando potentemente en el duro suelo de concreto, dejando incluso trizaduras en la antes sólida superficie. Y vi cómo la cúpula del edificio en que me encontraba, se alejaba rápidamente. Me desplazaba por el cielo, volaba, libre de la gravedad, de las ataduras mundanas que nos provee la tierra, hacia el cielo, un cielo que parecía más azul que nunca.
Vi el cielo, vi las nubes. Vi a los hombres y mujeres que transitaban por las veredas con sus preocupaciones tan irrelevantes. Vi las casa, los edificios, las montañas. El sol, que se preparaba para esconderse y brillaba aún con radiante esplendor. Mi sombra se proyectaba en la calle, unos 200 metros más abajo, y yo seguía elevándome, sabiendo que nunca podría llegar tan alto como mi mente estaba en esos momentos.
Y como todo en la existencia, llegó a su fin de repente. La gravedad lanzó sus largos brazos, y sujetándome los tobillos, me haló, frenando no sólo mi ascenso, si no mis sueños de libertad.
Comencé a caer lentamente. Poco a poco el viento dejó de acariciar mis mejillas, y empezó a atacarlas, con furia desatada. La rapidez iba en aumento, por lo que, poniendo la mente en la tierra, calculé mi caída hacia un edificio cercano.
El ruido que se generó ante el impacto de mi caída al concreto se oyó estruendosamente a kilómetros de distancia. Sonó como si un gigante, con un martillo del tamaño de un barco, hubiese golpeado una gran montaña. Como un meterorito, mi aterrizaje dejo un cráter que expuso las vigas, ocultas dentro del concreto.
Una vez disipada la niebla generada por el impacto, volví a preocuparme de mi. Trate de sentir. ¿Algún hueso roto? ¿Dolor? ¿Sangre? Nada. Abrí los ojos, y miré mi cuerpo. Parecía que nada hubiera pasado, que nunca hubiese dado ese gran salto, como si estuviera con la tranquilidad de una tarde de domingo, sentado mirando el atardecer.
Y me di cuenta que había algo mejor que la libertad eterna. Que bajar siempre me daría la oportunidad de volver a subir, haciendo de cada salto una experiencia en la cual intentaría llegar más y más alto.
lunes, 31 de mayo de 2010
El engaño
Soñé con muerte. Él ya no estaba, se había ido, y lo único que quedaba era su cuerpo frío y su mirada vacía y perdida.
Luego desperté. Al levantarme, lo fui a buscar, pero no estaba.
¿A donde había ido? ¿Quién se lo podría haber llevado?
En verdad no era importante, porque cualquier día de estos aparecería en el umbral, mirándome con alegría.
No era cosa de esperanza, sino sólo de tiempo.
Y aquel sueño, aquella pesadilla, por real que pareciera, no era más que eso. Un juego de la mente.
¿Cuánto tendré que esperar?
Lo suficiente como para olvidar. Eso bastará. No sería la primera vez.
Luego desperté. Al levantarme, lo fui a buscar, pero no estaba.
¿A donde había ido? ¿Quién se lo podría haber llevado?
En verdad no era importante, porque cualquier día de estos aparecería en el umbral, mirándome con alegría.
No era cosa de esperanza, sino sólo de tiempo.
Y aquel sueño, aquella pesadilla, por real que pareciera, no era más que eso. Un juego de la mente.
¿Cuánto tendré que esperar?
Lo suficiente como para olvidar. Eso bastará. No sería la primera vez.
miércoles, 19 de mayo de 2010
Cómo te quieren
Hay quienes nunca quieren verte triste.
Pero ¿significa que aquellas personas quieren verte feliz?
Pues no necesariamente. A veces significa que quieren verte cuando estas feliz, y no quieren verte cuando estás triste.
No todo es tan malo. Hay que estar feliz por tener al menos unos pocos que quieran verte, sin importar tu estado anímico. Y si estás triste, revertir esa situación.
Fin.
¿Debería tener un twitter? No sé, no me gusta estar a la moda.
Pero ¿significa que aquellas personas quieren verte feliz?
Pues no necesariamente. A veces significa que quieren verte cuando estas feliz, y no quieren verte cuando estás triste.
No todo es tan malo. Hay que estar feliz por tener al menos unos pocos que quieran verte, sin importar tu estado anímico. Y si estás triste, revertir esa situación.
Fin.
¿Debería tener un twitter? No sé, no me gusta estar a la moda.
domingo, 16 de mayo de 2010
martes, 6 de abril de 2010
Desfase emocional
El cementerio es un lugar extraño. Obvio dirían algunos, pues no hay otros lugares donde estes consciente de que bajo tus pies está lleno de huesos de personas. Eso produce algo. No sé qué, tal vez sea diferente en cada persona. En mi, parece acentuarse esa ilusión de que el clima y el ambiente se relacionan con algún estado anímico sobrenatural, por llamarlo de algún modo.
El día que sepultamos a mi papá, por ejemplo, el cielo lloró.
El primer día que fuimos a verlo, era un día soleado y bastante cálido, como no se había visto desde hace algún tiempo. Hoy hacía un poco de frío. Era la fecha de su cumpleaños. El ruido de las máquinas que recogen hojas y cortan césped era movido por el aire, junto con el resonar a lo lejos del paso de los autos por la autopista.
A diferencia de mucha gente (y en común con otros, supongo), no siento una conexión con los fallecidos. No les hablo, no les rezo. No los saludo al llegar ni me despido al irme. Creo que si uno realmente entra a un estado de tranquilidad eterna al morir, necesariamente debe eliminarse la capacidad de escuchar las chácharas humanas. Sería penca morir, despues de toda una vida, y seguir escuchando las preocupaciones mundanas de otros.
Creo que esa posible conexión se rompió el primer día que lo fuimos a ver. Me senté en el pasto, y me autoconvencí de que él estaba ahí abajo, frío y quieto, por fin. Y me forcé a darme cuenta de que se había marcado un hito, un final inevitablemente.
¿Malo? ¿Bueno? No sé. Quizás ambas, por las más tipicas de las razones. Por un lado, el descanso eterno, el fin de sufrimiento (de ambas partes). Por el otro, el vacío, el punto final despues del cual sabes que no puedes preguntar, hablar, compartir.
Quedo con dudas, aunque no con pena. Y eso si se siente extraño.
¿Sería yo diferente si el jamás hubiera enfermado? Casi no tengo dudas.
¿Habríamos sido más felices? Es probable.
¿Qué relación habríamos tenido? ¿Qué mensajes habría guardado para cuando yo fuera más grande? ¿Qué clase de persona era él? ¿Me habría aceptado como soy? De todas esas, no tengo ni la más mínima idea. Y nunca la tendré.
Me hubiera gustado haber vivido un duelo como la gente, no sólo con dudas, sino también con mucha tristeza. Eso me habría hecho sentir un poco más normal. Pero el duelo lo vivi hace aproximadamente diez años atrás, cuando se lo llevaron a una casa de reposo.
Ese desfase no parece correcto. Debe de tener repercusiones.
Por ejemplo, la mayor parte del tiempo no sé bien qué debería sentir.
¿Qué otras pifias habrán quedado impresas en mi?
Llore hoy, despida mañana.
El día que sepultamos a mi papá, por ejemplo, el cielo lloró.
El primer día que fuimos a verlo, era un día soleado y bastante cálido, como no se había visto desde hace algún tiempo. Hoy hacía un poco de frío. Era la fecha de su cumpleaños. El ruido de las máquinas que recogen hojas y cortan césped era movido por el aire, junto con el resonar a lo lejos del paso de los autos por la autopista.
A diferencia de mucha gente (y en común con otros, supongo), no siento una conexión con los fallecidos. No les hablo, no les rezo. No los saludo al llegar ni me despido al irme. Creo que si uno realmente entra a un estado de tranquilidad eterna al morir, necesariamente debe eliminarse la capacidad de escuchar las chácharas humanas. Sería penca morir, despues de toda una vida, y seguir escuchando las preocupaciones mundanas de otros.
Creo que esa posible conexión se rompió el primer día que lo fuimos a ver. Me senté en el pasto, y me autoconvencí de que él estaba ahí abajo, frío y quieto, por fin. Y me forcé a darme cuenta de que se había marcado un hito, un final inevitablemente.
¿Malo? ¿Bueno? No sé. Quizás ambas, por las más tipicas de las razones. Por un lado, el descanso eterno, el fin de sufrimiento (de ambas partes). Por el otro, el vacío, el punto final despues del cual sabes que no puedes preguntar, hablar, compartir.
Quedo con dudas, aunque no con pena. Y eso si se siente extraño.
¿Sería yo diferente si el jamás hubiera enfermado? Casi no tengo dudas.
¿Habríamos sido más felices? Es probable.
¿Qué relación habríamos tenido? ¿Qué mensajes habría guardado para cuando yo fuera más grande? ¿Qué clase de persona era él? ¿Me habría aceptado como soy? De todas esas, no tengo ni la más mínima idea. Y nunca la tendré.
Me hubiera gustado haber vivido un duelo como la gente, no sólo con dudas, sino también con mucha tristeza. Eso me habría hecho sentir un poco más normal. Pero el duelo lo vivi hace aproximadamente diez años atrás, cuando se lo llevaron a una casa de reposo.
Ese desfase no parece correcto. Debe de tener repercusiones.
Por ejemplo, la mayor parte del tiempo no sé bien qué debería sentir.
¿Qué otras pifias habrán quedado impresas en mi?
Llore hoy, despida mañana.
domingo, 4 de abril de 2010
Piñera y Tusunami o Marepoto
No podía faltar.
No encontré el audio original en contexto donde dijo "tusunami", pero según me han dicho fue durante el discurso del 11 de Marzo.
El primer mix lo hizo la radio ADN. Muy bueno!
(no se quien agregó a Darth Vader bailarín, pero claramente exacerba la perplejidad)
Y luego vino la guinda de la torta.
Y de ahi algunos mixes.
Poto poto poto...
Tiene tremendo...Marepoto!
No encontré el audio original en contexto donde dijo "tusunami", pero según me han dicho fue durante el discurso del 11 de Marzo.
El primer mix lo hizo la radio ADN. Muy bueno!
(no se quien agregó a Darth Vader bailarín, pero claramente exacerba la perplejidad)
Y luego vino la guinda de la torta.
Y de ahi algunos mixes.
Poto poto poto...
Tiene tremendo...Marepoto!
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