miércoles, 4 de marzo de 2009

La serpiente de Huallilemu

Estuve de vacaciones casi 2 semanas en un lugar llamado Huallilemu, un complejo con hotel, cabañas, piscinas y áreas verdes, propiedad de la Caja de compensación Los Andes.

Puedes verlo en Google Earth pegando lo siguiente en "Volar a":
33°24'13"S,71°40'44"W

Es muy bonito. Tiene piscina temperada, mesas de pool, canchas de tenis, y mesas de ping pong. Jugué harto pingpong, hace mucho que no jugaba. Y también me bañé bastante en la piscina temperada. Me he puesto viejo y ya no disfruto mucho el agua helada, pero en mi defensa puedo decir que en la costa no hace el calor que hace acá en Santiago. El sol pega igualmente fuerte, pero el viento con aire de mar refresca el ambiente.
Las áreas verdes invitan un poco a salir a caminar, ya que todo está muy bien cuidado y diseñado. El complejo tiene 2 áreas, norte y sur, separadas por un pequeño valle, y comunicadas por un par de puentes. Al cruzar, se ve abajo un tranque, seco en esta fecha.


Un día sali a caminar. Queria ver si podía llegar abajo donde estaba el tranque, pero por la parte de atrás. Llegué donde termina la parte "cuidada", donde todo deja de ser verde, y me adentré en un bosque que está al este de las cabañas. Fui al atardecer. La luz era tenue, y el silencio era profundo. Podía oir únicamente mis pisadas en la tierra. Es curioso como uno se empieza a perseguir un poco con el silencio, ya que te permite escuchar lo más minimo que esté sucediendo en el lugar. Me daba vuelta a mirar ante cada ruido, sabiendo que probablemente era una hoja o una rama que cayó, pero lo hacía de todos modos. "Puede ser alguien que me quiera emboscar", pensé.
Me recordó el poco tiempo que estuve en scout. Me cargaba que me mandonearan, pero lo de salir y explorar siempre me gustó.

El camino se dividía en 3. Tomé uno, y éste a su vez se dividía en 2 mas. Al caminar se veían rústicas y demacradas bancas de descanso, en desuso yo diría hace mucho tiempo. Empecé a imaginar por qué si la gente en algun momento solía venir a este lugar, habría dejado de hacerlo. ¿Tal vez algo los ahuyentó?
El camino también parecía haberse dejado de usar, ya que estaba agrietado y obstruido. Mientras avanzaba, una zanja en el piso se iba haciendo más y más gruesa, como del ancho de un tronco. Claramente era producto del agua de invierno que fluía hacia el tranque. Pero me pareció más entretenido pensar que lo había hecho una serpiente gigante arrastrándose por el lugar. Algo así como el basilisco de Harry Potter y la Cámara Secreta.

Finalmente el camino dio un giró, y comenzó a bajar. La zanja desaparecía ahí, seguramente a la altura que alcanza el agua en algún momento del año: había llegado al tranque. Desde allí podía ver parte del hotel, pero tenía la sensación de que nadie podría verme a mi. Entre la tierra seca, y las ramas que crecían sin control desde una ladera, había parte de una bicicleta de niño, oxidada, como abandonada hace muchísimo tiempo.

Me di la vuelta. Al comenzar al retorno, ví varios caminos que había pasado cuando venía. Caminos que se alejaban aún más, pero sabía que se me haría tarde si los seguía. "Me deben estar esperando en la cabaña", pensé. Y seguí caminando a paso veloz, para regresar pronto.
La verdad, no quería estar ahí de noche. No con un basilisco comeniños suelto por ahí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me intrigaba mucho tu comentario ya que lo he vivido un par de veces adentrandome en lugares como los que describes, me gusta mucho el trekking y me sentí identificado con tu relato y vivencias pasadas como en los scouts. Saludos y suerte en todo.!